Cultivando Solidaridad
Los campesinos en Colombia pertenecen a un sector de la sociedad en condiciones de vulnerabilidad, es necesario la protección de sus derechos humanos, se requiere de medidas especiales para asegurar que el Estado colombiano los respete, proteja y garantice. Nosotros como Fundación podemos hacer mucho en la defensa de nuestros campesinos, consideramos que tenemos una deuda histórica con ellos, a ellos incluso no se les reconoce derechos que tienen otros trabajadores como: derecho a una pensión, derecho a un sistema de salud, derecho a una educación plena, entre otros derechos.
A finales de los noventa, en pleno auge del neoliberalismo, se dio en el campo un proceso de industrialización, estos procesos se dieron simultáneamente con el desarrollo de la tecnología transgénica asociada al uso masivo de agro tóxicos este tipo de tecnología tajo a vez el deterioro de suelos, aguas, deforestación y afectación de la biodiversidad, a su vez trajo la concentración de la tierra en pocas manos.
En Colombia, la distribución de la tierra ha sido un factor determinante del conflicto armado. La mayoría de campesinos no poseen tierra y aun en pleno siglo XXI en el campo existen relaciones de tipo feudal, los miembros de los grupos armados reclutan en su mayoría a campesinos, existen algunos procesos organizativos de los de los campesinos pero estos han sido fuertemente reprimidos por la acción directa del estado y el paramilitarismo, la tenencia de la tierra se encuentra concentrada en quienes ejercen el poder político.

La Constitución de 1991 abrió posibilidades de expresión política a los pueblos ancestrales y afro descendientes pero las formas históricas de represión política y exclusión económica contra los campesinos no han tenido modificaciones de fondo. Las organizaciones indígenas han hecho resistencia contra el despojo y saqueo de sus tierras, esto ha traído un renacimiento de estos pueblos con tradición agrícola y a su vez ellos han establecido alianzas con movimientos campesinos, convirtiéndose en interlocutores fuertes contra la mayor aglomeración de tierras y contra la agroindustria que utiliza agroquímicos y semillas transgénicas. Los campesinos e indígenas constituyen en frente en la defensa de la tierra, de la selva, de la biodiversidad y de las semillas
En septiembre del 2018, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas aprobó la Declaración de Derechos Campesinos. Este proceso impulsado por el movimiento “Vía Campesina”, la cual se opone a la teoría neoliberal de “fin del campesinado” e inicio de la gran industria agrícola. En primer lugar, la declaración de las Naciones Unidas, reconoce como campesinos a quien se dedique o pretenda dedicarse de forma individual, asociada o comunitaria a la producción agrícola. Estos son los derechos que consagra dicha declaración.

El derecho a la tierra que se define como el acceso, el uso y la gestión de la tierra, elementos necesarios para respetar el derecho a un nivel de vida decente, a la salud, a participar en la vida cultural, al acceso a la justicia, al agua potable y saludable, limpia y al saneamiento de la misma, así como el derecho a estar protegido contra desalojos forzados, contra la contaminación, entre otros. Estas nociones implican libertades y derechos que resultan fundamentales para el respeto de los derechos de las poblaciones rurales.
El derecho a las semillas y a la biodiversidad, que incluye el derecho de guardar, almacenar, transportar, intercambiar, dar, vender y reutilizar las semillas campesinas. Al desarrollar sus propias semillas, les agricultores construyen sistemas agrarios más recilientes y más sostenibles, capaces de alimentar la población a pesar del cambio climático.

Se reconocen los derechos colectivos, expresado como el derecho a fundar organizaciones, ser reconocidos jurídicamente, opinar libremente y a buscar, recibir y difundir información vinculada a los procesos de producción, elaboración y comercialización de los productos. Esto se refiere a la manera en la cual se organizan las poblaciones rurales, particularmente lo relativo al acceso y gestión de sus recursos (ya que la mayoría de ellas son socialmente definidas y se organizan de manera colectiva).
Según FAO, las mujeres representan el 50% de la fuerza de trabajo agrícola total en los países en desarrollo. Pese a esto, las mujeres rurales enfrentan mayores limitaciones que los hombres para acceder a la tierra, la tecnología, los mercados, la infraestructura y los servicios.
Por esto, la igualdad de género es una de las políticas centrales a la hora de trabajar en el ámbito rural, y sobre esto, la Declaración también aporta herramientas concretas. Específicamente, la Declaración cuenta con dos artículos que empoderan el rol de las Mujeres Campesinas.
Respecto a la Mujer campesina se declara la responsabilidad de los estados de implementar las medidas que crea pertinentes para “eliminar todas las formas de discriminación contra las mujeres campesinas y otras mujeres que trabajan en zonas rurales y para promover su empoderamiento a fin de garantizar, sobre la base de la igualdad entre hombres y mujeres, que disfrutan plena y equitativamente todos los derechos humanos y las libertades fundamentales y que pueden perseguir, participar y beneficiarse libremente del desarrollo rural, económico, social, político y cultural”.

Es interesante destacar que la lucha del campesinado va más allá de la relativa a la tierra y la producción agraria; es la lucha por sus territorios, por la preservación de sus culturas y modos de vida. Es movilizarse para construir sociedades más inclusivas y democráticas.
Si bien es reciente la resolución de la Declaración, podemos afirmar que para las organizaciones campesinas significa una victoria en el reconocimiento de sus derechos, luchas y su rol como actores clave del sistema alimentario mundial. La declaración no es vinculante pero marca el camino a seguir para los Estados, y pone a disposición del campesinado un marco formal y avalado por instancias internacionales sobre los actuales conflictos de tierra que enfrentan.
Diego Montón, impulsor del movimiento “vía campesina” dijo: “Es un compendio de propuestas, horizontes y políticas públicas agrarias que deberán irse materializando en cada una de las naciones. El preámbulo reconoce el papel fundamental de la soberanía alimentaria para el desarrollo de la humanidad y reconoce la importancia de la reforma agraria como una instancia a la cual los estados deben apelar para garantizar la soberanía. Con datos muy concretos reconoce las injusticias y desigualdades a las que se ve sometida la agricultura campesina, así como derechos fundamentales.
Cabe destacar que de todos los procesos de debate que implicó la Declaración, se logra el reconocimiento y reivindicación de la importancia y el rol fundamental que ocupa la agricultura campesina: alimenta al 85 por ciento de la población mundial, con tan sólo un cuarto de las tierras agrícolas. Es por ello que se la comienza a considerar que fomentarla es la mejor estrategia en la lucha contra el hambre, que es uno de los principales objetivos de Naciones Unidas.
Es interesante destacar que la lucha del campesinado va más allá de la relativa a la tierra y la producción agraria; es la lucha por sus territorios, por la preservación de sus culturas y modos de vida. Es movilizarse para construir sociedades más inclusivas y democráticas.
Si bien es reciente la resolución de la Declaración, podemos afirmar que para las organizaciones campesinas significa una victoria en el reconocimiento de sus derechos, luchas y su rol como actores clave del sistema alimentario mundial. La declaración no es vinculante pero marca el camino a seguir para los Estados, y pone a disposición del campesinado un marco formal y avalado por instancias internacionales sobre los actuales conflictos de tierra que enfrentan.
Diego Montón, impulsor del movimiento “vía campesina” dijo: “Es un compendio de propuestas, horizontes y políticas públicas agrarias que deberán irse materializando en cada una de las naciones. El preámbulo reconoce el papel fundamental de la soberanía alimentaria para el desarrollo de la humanidad y reconoce la importancia de la reforma agraria como una instancia a la cual los estados deben apelar para garantizar la soberanía. Con datos muy concretos reconoce las injusticias y desigualdades a las que se ve sometida la agricultura campesina, así como derechos fundamentales.
Cabe destacar que de todos los procesos de debate que implicó la Declaración, se logra el reconocimiento y reivindicación de la importancia y el rol fundamental que ocupa la agricultura campesina: alimenta al 85 por ciento de la población mundial, con tan sólo un cuarto de las tierras agrícolas. Es por ello que se la comienza a considerar que fomentarla es la mejor estrategia en la lucha contra el hambre, que es uno de los principales objetivos de Naciones Unidas.
Para la Fundación Mayaraxi, la lucha de los campesinos por sus derechos es una lucha que debe ser respaldada por el resto de la sociedad, como ONG es mucho lo que podemos hacer en la ciudad para lograrlo, no solo por solidaridad, sino porque la labor de nuestros campesinos es vital para la superviviencia de la sociedad.
Veamos algunas cifras que presenta Oxfam Colombia Con base en el Censo Nacional Agropecuario:
- El 1 % de las fincas de mayor tamaño tienen en su poder el 81 % de la tierra colombiana. El 19 % de tierra restante se reparte entre el 99% de las fincas.
- El 0,1 % de las fincas que superan las 2000 hectáreas ocupan el 60 % de la tierra.
- En 1960 el 29 % de Colombia era ocupado por fincas de más de 500 hectáreas, en el 2002 la cifra subió a 46 % y en 2017 el número escaló al 66 %.
- El 42,7 % de los propietarios de los predios más grandes dicen no conocer el origen legal de sus terrenos.
- Las mujeres solo tienen titularidad sobre el 26 % de las tierras.
- De los 111,5 millones de hectáreas censadas, 43 millones (38,6 %) tienen uso agropecuario, mientras que 63,2 millones (56,7 %) se mantienen con superficies de bosques naturales.
- De las 43 millones de hectáreas con uso agropecuario, 34,4 están dedicadas a la ganadería y solo 8,6 a la agricultura. La situación debería ser inversa, pues se recomienda que 15 millones de hectáreas deberían utilizarse para ganadería pero se usan más del doble. Por su parte, 22 millones son aptas para cultivar pero el país está lejos de llegar a esa cifra.
- Los predios de más de 1000 hectáreas dedican 87 % del terreno a ganadería y solo el 13 % agricultura. En los predios más pequeños, es decir, los menores a 5 hectáreas, el 55 % del predio se dedica a ganadería y el 45 % a agricultura. A pesar de que la situación es menos dramática en este último sector, la tendencia a la ganadería siempre es más alta que otras formas de explotación de la tierra.
- Los monocultivos predominan. Por ejemplo, el 30 % de las áreas sembradas en el departamento del Meta corresponde a palma aceitera.
- Un millón de hogares campesinos viven en menos espacio del que tiene una vaca para pastar.
¿Cómo hacemos para Cultivar Solidaridad?
1. Denunciaando las Normas de propiedad intelectual sobre semillas. Normas de certificación de calidad y sanidad de semillas. Normas de bioseguridad de organismos transgénicos.
2. Promoviendo la compra de alimentos directamente a los campesinos, haciendo que la gente vuelva a plazas de mercado de campesinas.
- Al comprar en estos espacios se apoyan las economías campesinas, las cuales tienen un menor impacto ambiental en cuanto a las necesidades de transporte.
- Se ayuda a preservar las semillas ancestrales que por lo general ofrecen alimentos más integrales y nutritivos que los que se producen a nivel industrializado y/o transgénico.
- Te ofrecen más alimentos y menos productos alimenticios procesados, y su consumo es más saludable y nutritivo.
- Se puede conseguir alimentos de temporada que están en su mejor momento en cuanto a sabor, precio y valor nutricional.
- Los alimentos se pueden comprar a granel con lo cual compras lo que necesitas, se evita el empaque y el desperdicio.
- Se tiene una mayor variedad de alimentos para escoger.
- El contacto que se tienen con la realidad del campo es más cercano.
- Se pueden obtener mejores precios debido a que la intermediación es menor.
- No te venden publicidad, ni tienes que escuchar la música del supermercado o anuncios por los parlantes.
- Además es delicioso y divertido.

3. Denunciando la compra de productos agrícolas importados y el uso de pesticidas de forma indiscriminada.
4. Promoviendo investigaciones para el desarrollo de productos por parte de los campesinos con el fin de darle un valor agregado a sus cosechas.
5. Promoviendo visitas a las zonas campesinas con el fin de observar su situación y visibilizarla a través de los diferentes medios.
6. Denunciando a las tiendas de grandes superficies que venden en su mayoría productos importados, aunque estas empresas generan miles de empleos, no benefician al campesinado y la mayoría de sus productos son transgénicos.
7. Promoviendo el consumo de productos naturales de nuestros campesinos en reemplazando los alimentos artificiales que causan daño a la salud.
8. Promoviendo la aplicación de herramientas tecnológicas para que el campesino pueda vender directamente sus productos al comercializador o consumidor, sin necesidad de intermediarios, asegurándoles a los campesinos la compra de sus cosechas a precio justo.
9. Comprando en mercados campesinos, étnicos y agroecológicos reduce nuestra huella ambiental. Se utilizan menos empaques, menos refrigeración, menos transporte, menos contaminación.















